¡Ay! la distancia que separa al domador,
hay metro y medio hasta la boca del león.
Estamos ante la presencia de nuevos cambios. A decir verdad, todo el tiempo se suceden cambios, por lo cual la palabra “nuevos” no se si es la acertada. Pero es la que primero se me vino a la mente, que joder.
Como ya sabemos todos, el mundo evoluciona. Y se supone, o al menos eso afirma la teoria de Darwin, que nosotros evolucionamos con él. Lógicamente, toda teoría tiene su contrapuesto, y el de esta es que nosotros –los seres humanos- involucionamos. Yo no creo que sea tan así, pero…
Quienes hayan tenido la suerte de cursas la materia historia del arte podrán entenderlo perfectamente. Uno se maravilla ante los cambios culturales y como estos son consecuencia directa de cambios de otra índole, ya sean económicos, religiosos o políticos. Es muy interesante observar como el famoso “todo tiene que ver con todo” sea hace real antes estos hechos.
Vayamos al grano.
Nunca supe si el grano al que iba que ir es al de arroz, de maíz, al de cereales o al que te sale en el medio de la frente dos días antes de un casamiento, pero esa es otra cuestión que no viene al caso aunque convengamos que no es menos importante.
En estos últimos tiempos en lo que arte se refiere hemos presenciado nuevos cambios artísticos. Los mimos, estatuas vivientes, recitadores de poemas y payadores son cada vez menos. Años atrás las estaciones de subte estaban pobladas de estos últimos, mientras que plazas y ferias eran lugar común de los primeros.
Hace no muchos sábados, mi cuerpo y mi cerebro hicieron presencia en el parque Rivadavia. Ahora encerrado, bastante más verde y con los mismos amados puestos piratas de siempre, el parque se encontraba semi poblado de gente.
Reposaba tranquilamente a la sombra de un gran árbol, mientras mi mente se sumergía en los mas profundos pensamientos (“los mosquitos pensaran `que festín me voy hacer con este boludo?´”); cuando de repente una sombra se frenó ante mi. Perplejo, abrí los ojos y vislumbre una figura alta, metro 70; que llevaba puesto un sombrero del año 35 en la cabeza y una flor que salía hacia arriba, un vestido rosa y ojotas. Cabe destacar dos cosas: primero, que el vestido podía ser amarillo, rojo o naranja. Soy daltónico. Segundo, que tenia en la mano un tubo de un metro de largo. Y, lógicamente, me asusté.
- Te puedo leer un mensaje?
- Eh?
Retrocedió unos pasos, levanto el tubo con su mano derecha y lo acerco hasta mi cara. Mi primera reacción fue agarrarlo, y al hacer eso me miro, fijamente.
- Te voy a leer un aforismo a través del tubo mágico y mis palabras llegaran hacia voz como ecos del más allá.
- EH?
Sin hacer caso a mi perplejidad, la dama en cuestión acerco su boca tamaño Mariana Fabbiani hacia el extremo del tubo y comenzó a leer.
Luego de los primaros instantes, acerqué mi oreja hacia el y la escuché.
- Clof blaf tlon cielo drem blas blaf tromp k.
- Discúlpame, pero no escucho bien.
- Club del clan clof tlon watza pop plop.
Me mira. La miro. Nos miramos. Nos seguimos mirando. Pone cara de “y? te gusto?”. Pongo cara de “no entendi una mierda”. Me mira de nuevo.
- Trulala carapachin flox carpachinchinchinchin.
- …
- Corococo, guau, miau, meee, meeeee, ooo.
Silencio. (Incomodo)
- Este mensaje te traerá un estado de reflexión absoluta, porque llego hacia vos después de rebotar en el conducto del alma.
- Ah, bueno… gracias. Muy… interesante.
- Queres colaborar? Le pusimos un precio módico a este “momento” de dos pesos.
- Huy, discúlpame, pero todavía me rebota el alma y no voy a encontrar la billetera.
- Está bien, no todos entienden las nuevas expresiones artísticas.
Me miró. La miré. Nos miramos. Nos seguimos mirando. Pone cara de “decime algo”. Pongo cara de boludo. Me miró de nuevo y se fue.
Luego de eso, retome mi meditación. Evidentemente me estuve perdiendo los cambios que esta crisis económica produce, pensé. Ojo, quizás el mensaje dio resultado. Creo desde ese momento que es un deber de ciudadano advertirles sobre lo malo que resulta permanecer mucho tiempo encerrado en los problemas. Uno se puede perder como evoluciona nuestro arte porteño.
Sea hasta la próxima.
Me olvidaba. Libertad para las plazas, por favor!.
Como ya sabemos todos, el mundo evoluciona. Y se supone, o al menos eso afirma la teoria de Darwin, que nosotros evolucionamos con él. Lógicamente, toda teoría tiene su contrapuesto, y el de esta es que nosotros –los seres humanos- involucionamos. Yo no creo que sea tan así, pero…
Quienes hayan tenido la suerte de cursas la materia historia del arte podrán entenderlo perfectamente. Uno se maravilla ante los cambios culturales y como estos son consecuencia directa de cambios de otra índole, ya sean económicos, religiosos o políticos. Es muy interesante observar como el famoso “todo tiene que ver con todo” sea hace real antes estos hechos.
Vayamos al grano.
Nunca supe si el grano al que iba que ir es al de arroz, de maíz, al de cereales o al que te sale en el medio de la frente dos días antes de un casamiento, pero esa es otra cuestión que no viene al caso aunque convengamos que no es menos importante.
En estos últimos tiempos en lo que arte se refiere hemos presenciado nuevos cambios artísticos. Los mimos, estatuas vivientes, recitadores de poemas y payadores son cada vez menos. Años atrás las estaciones de subte estaban pobladas de estos últimos, mientras que plazas y ferias eran lugar común de los primeros.
Hace no muchos sábados, mi cuerpo y mi cerebro hicieron presencia en el parque Rivadavia. Ahora encerrado, bastante más verde y con los mismos amados puestos piratas de siempre, el parque se encontraba semi poblado de gente.
Reposaba tranquilamente a la sombra de un gran árbol, mientras mi mente se sumergía en los mas profundos pensamientos (“los mosquitos pensaran `que festín me voy hacer con este boludo?´”); cuando de repente una sombra se frenó ante mi. Perplejo, abrí los ojos y vislumbre una figura alta, metro 70; que llevaba puesto un sombrero del año 35 en la cabeza y una flor que salía hacia arriba, un vestido rosa y ojotas. Cabe destacar dos cosas: primero, que el vestido podía ser amarillo, rojo o naranja. Soy daltónico. Segundo, que tenia en la mano un tubo de un metro de largo. Y, lógicamente, me asusté.
- Te puedo leer un mensaje?
- Eh?
Retrocedió unos pasos, levanto el tubo con su mano derecha y lo acerco hasta mi cara. Mi primera reacción fue agarrarlo, y al hacer eso me miro, fijamente.
- Te voy a leer un aforismo a través del tubo mágico y mis palabras llegaran hacia voz como ecos del más allá.
- EH?
Sin hacer caso a mi perplejidad, la dama en cuestión acerco su boca tamaño Mariana Fabbiani hacia el extremo del tubo y comenzó a leer.
Luego de los primaros instantes, acerqué mi oreja hacia el y la escuché.
- Clof blaf tlon cielo drem blas blaf tromp k.
- Discúlpame, pero no escucho bien.
- Club del clan clof tlon watza pop plop.
Me mira. La miro. Nos miramos. Nos seguimos mirando. Pone cara de “y? te gusto?”. Pongo cara de “no entendi una mierda”. Me mira de nuevo.
- Trulala carapachin flox carpachinchinchinchin.
- …
- Corococo, guau, miau, meee, meeeee, ooo.
Silencio. (Incomodo)
- Este mensaje te traerá un estado de reflexión absoluta, porque llego hacia vos después de rebotar en el conducto del alma.
- Ah, bueno… gracias. Muy… interesante.
- Queres colaborar? Le pusimos un precio módico a este “momento” de dos pesos.
- Huy, discúlpame, pero todavía me rebota el alma y no voy a encontrar la billetera.
- Está bien, no todos entienden las nuevas expresiones artísticas.
Me miró. La miré. Nos miramos. Nos seguimos mirando. Pone cara de “decime algo”. Pongo cara de boludo. Me miró de nuevo y se fue.
Luego de eso, retome mi meditación. Evidentemente me estuve perdiendo los cambios que esta crisis económica produce, pensé. Ojo, quizás el mensaje dio resultado. Creo desde ese momento que es un deber de ciudadano advertirles sobre lo malo que resulta permanecer mucho tiempo encerrado en los problemas. Uno se puede perder como evoluciona nuestro arte porteño.
Sea hasta la próxima.
Me olvidaba. Libertad para las plazas, por favor!.
Debo admitir que las onomatopeyas fueron.. IN-CRE-Í-BLES.
ResponderEliminarY lo de "Este mensaje te traerá un estado de reflexión absoluta, porque llego hacia vos después de rebotar en el conducto del alma." SU-BLI-ME (palabra frecuentemente utilizada en el ambiente artístico -muchas veces indefinible-)
Pero como Mr. Confianza no necesita halagos, me limito a esto.
Pero lo leí, lo leí. Ahora.. ¿por qué tenía que medir un metro 70 la flaca? ¿Por qué esa aclaración, si la estatura en algunas descripciones es irrelevante? ¿EH?!
Esa fue mi crítica constructiva. See ya!