(Noviembre 2005)
Suele suceder en la vida que uno ve cambios repentinos de imagen en la gente. A veces de imagen, a veces físicos, a veces del alma.
Y Omelet tuvo algo de eso. Su nombre según no sé que cultura significaba "varios condimentos y esencias para un mismo sabor". Y el tenia mucho que ver con su nombre.
Tuvo etapas...yo lo seguí muy de cerca, porque si bien nunca me llevé bien con él, no puedo negar que tuvo influencia sobre mi. Y sus etapas fueron algo que rara vez vi en mi vida...alguien que sabía como vencer prejuicios, predicciones, el siempre estaba un paso adelante. Pero nadie lo veía. Estaba oculto, escondido.
Creo que cuando más lo conocí y lo quise fue cuando se llevaba el mundo por delante. No tenía límites, era él, y él podía con todo. Tropezaba, se levantaba y seguía. Si caía, solo se reía. Nada podía con el. Todos lo seguíamos, pero nadie se daba cuenta. Era el centro de atención, si bien nunca nadie hablaba de eso. Se regía por una simple regla. Soy así, te gusta...bien...sino, tarde o temprano te va terminar gustando.
Digamos que alguna vez quise que el viviese en mi. Digamos que más de una vez, vi que si miraba de reojo el espejo, estaba ahí, mirándome, y con ganas de imponerse.
Hoy el mundo tiene una cara escondida que la sacamos a relucir en los peores momentos. Y hoy necesito de esa cara.
Dieciembre esta muy lejano ya para que noviembre siga sufriendo por su culpa. Es jueves, que si bien suelen ser "cobardes", los árboles están renaciendo de nuevo y el sol aun no se escondió, pero de todas maneras, yo sigo viendo la tarde gris. Puedo imaginar momentos vividos en estos meses y la realidad marca algo que ya es imposible que me niegue a verla: no vale la pena, bajo ningún punto de vista, llorar por lo que no existió.
Así es la vida dicen, pega duro y por detrás, pero tengo el leve presentimiento que dos veces no me va noquear.
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