Basada en una futura historia real.
El día 20 se acostó, y dijo basta. El hombre estaba enojado. Con la vida, con el mundo, con el todo y con la nada. Cualquier hecho o circunstancia lo incomodaba de sobremanera. Y él lo sabía. Sabía que podía seguir contándole su desencanto al mundo con sus gruñidos, generando así una energía poco feliz, o hacer algo para volver a encantarse.
Ya era hora de asumir lo propio y sacar la mirada del ajeno. Estaba donde estaba porque sus decisiones –y no las de otros- lo habían llevado hasta ese lugar. Cual era ese escenario que tanto molestaba? Los errores del pasado eran hechos… pasados. Las circunstancias que llevaron a esos hechos, se habían detectado y estaba la oportunidad de usarlas como palancas…. O seguir utilizándolas como excusas.
Que es lo que motiva a un hombre a levantarse cada mañana? Es el motivador, el famoso “propósito” por el cual vivir? Y si es así, cual era el propósito de este hombre? Las dudas lo inquietaban. El mal humor era constante. El enojo con el todo por la nada era un signo que marcaba una alerta.
Y se acordó que solamente había que decir basta.
Se acostó, dejo su chiche nuevo en la mesita de luz, y con la firme convicción de saber lo puesto por escrito, cerró los ojos para escuchar su genio interior.
El día de la primavera lo encontró ante un escenario poco imaginable setenta y dos horas antes. Vislumbraba en el una serie de hechos materializados que el mismo había deseado. Lo único que faltaba hacer era agradecer, sumarse al proceso y disfrutarlo.
La nueva agencia de seguridad privada fue el escenario propicio para llevar adelante sus sueños. A los pocos días había concretado un sinfín de entrevistas, las cuales se materializaron en contratos firmados bajo la alegre mirada de quienes los habían contratado para tal fin. Un poco de amor y pasión era todo lo que hacia falta.
Se había animado a ser feliz. Después de todo, las cosas estaban en su orden exacto. A los pocos meses pudo cumplir uno de sus sueños, conocer Mendoza. De a poco seguía conquistando el país, su país, ese que tanto lo maravillaba. Supo que alcanzaría su meta disfrutando de las agradables termas entrerrianas.
Octubre lo encontró con un reconocimiento de la Asociación Argentina de Marketing, la cual le agradeció por su esfuerzo por llevar adelante la profesión devolviéndole a esta los valores que profesaba. El ganar-ganar no solo era un “culto”. Era una obligación. Cuando las partes estaban felices las alianzas eran provechosas para el universo.
Logro generar un excelente clima laboral, asumiendo su responsabilidad como empresa para con el mundo. Fue esta creación la que lo llevo por los maravillosos lugares de nuestro planeta contando la forma en la que esto se podía llevar a cabo.
Su genio le había abierto las puertas y él se jugo de lleno. Porque los hechos o circunstancias del pasado no se podían modificar. Pero si podía elegir lo que quería para el futuro. Volvió a materializar su ansiado proyecto de radio, estaba vez con el alcance que siempre imaginó.
Ya de viejo, un periodista del periódico local lo entrevisto para su nota de tapa; y lo interrogo acerca de cuando fue que había decidió terminar su carrera en ese hermoso pueblo de las montañas. Haciendo un esfuerzo de memoria, no pudo recordar la fecha; pero si recordaba que había sido "un día que estaba enojado, muy enojado". Y que estando enojado "no ganaba nada". Después de todo, su enojo era por tener miedo, y no había porque temerle a estar mejor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario