- Queres que te cuente el cuento de la buena pipa?
- Dale!
- Yo no te dije dale! Dije si queres que te cuente el cuento de la buena pipa.
- Ufa! Dale! Me contas?
Esta escena se repetía cada vez que Pablo, con unos hermosos e inocentes cinco añitos, visitaba a su abuela Nelly por las tardes. Quienes ya anden por el cuarto de siglo, recordarán que este famoso “cuento” no tenía nunca un final, ni un principio, ni un nudo, ni nada. Básicamente nos tenía intrigados como boludos al pedo.
Lo recuerdo a Pablito ya de grande, entrando a la adolescencia…
- Yo no te dije “Cortala”, dije si queres que te cuente el cuento de la buena pipa…
- BAAAAAAAASSSSSTAAAAAAAA! No-me-jo-das-más….
Creo que si ahora alguien osa boludearme con algo a medio contar, no lo logra debido a la inmunidad que me generó este singular e inteligente cuento infantil.
Recuerdo que un día interrogué a mi señora madre el porque de este cuento y la única contestación que obtuve fue “a quienes intentan contar realmente el cuento le suceden cosas raras; y quienes quieren conocer esta historia estan pierden el tiempo”. Para mí que había tomado una copa de más en el almuerzo.
Hace un tiempo atrás, visite el hermoso paisaje de Lago Puelo –Chubut- donde me encontré por casualidad con el clon de Paolo el Rockero. Es importante resaltar que era un clon del famoso pelilargo porque efectivamente era eso: un experimento escapado de un laboratorio Roche.
Como se imaginarán, colgamos a hablar con el clon de todo lo que la sabia naturaleza nos daba: las estrellas, el lago, las montañas, el verde césped… etc. En esta oportunidad, Paolo “Clon” extrajo de su verde –creo que era verde- morral, un artefacto alargado de madera tallado a mano, con piedras preciosas y un agujero en el medio.
- “Esta Pipa tiene su historia” – me dijo.
- Todo se remonta al año 1208, épocas de guerra por el poder, de ritos indios, de piratas y marinos con ansias de conquistar los mares. Entre tanto personaje raro, se destacaba uno: el Mago Jorge. El Mago Jorge era una persona de tez fucsia y pelo naranja…
- Para, para la mano clon. Me estas voraceando. Tez fucsia y pelo naranja?
- Buen boludo… soy daltónico…
- Enserio? Sos daltónico? Yo también! Veni, dame un abrazo…
- No! Que emoción! No te la puedo creer! Siento que encontré a mi clon…
- No boludo, tu clon es otro.
- Ah, cierto…
- …
- …
- .-.-.
- ..-.--.. -.- -..-
- . - - -..- - - ..
- Que flash que sepas código Morse, persona.
- Sé código Morse, y escribir “Hola” en Chino Mandarín. Pero contame de la pipa.
- Que pipa?
- Esa que tenes en la mano.
- Ah… cierto, je je je. Es buena. Esta tallada por artesanos malayos y las piedras son sacadas de rocas de ochocientos metros de profundidad.
- Ajá… y la historia?
- Que historia?
- La de la pipa!!!!
- Hu persona, dejame irme por las ramas, dejame ser…
- Yo te dejo volar todo lo que necesites, pero me dejaste intrigado…
- Con el cuento de la buena pipa?
- Si… No! Con eso no!
- Hu… Queres que te cuente el cuento de la buena pipa?
- No basta! Limaste! No te soporto más clon de laboratorio berreta.
- Paz persona… paz! Date cuenta que el que esta escribiendo sos vos…
- Entonces basta. Me voy. Mi vieja tenía razon. Me aburrí de vos y de esta historia sin final ni sentido.
- Dale!
- Yo no te dije dale! Dije si queres que te cuente el cuento de la buena pipa.
- Ufa! Dale! Me contas?
Esta escena se repetía cada vez que Pablo, con unos hermosos e inocentes cinco añitos, visitaba a su abuela Nelly por las tardes. Quienes ya anden por el cuarto de siglo, recordarán que este famoso “cuento” no tenía nunca un final, ni un principio, ni un nudo, ni nada. Básicamente nos tenía intrigados como boludos al pedo.
Lo recuerdo a Pablito ya de grande, entrando a la adolescencia…
- Yo no te dije “Cortala”, dije si queres que te cuente el cuento de la buena pipa…
- BAAAAAAAASSSSSTAAAAAAAA! No-me-jo-das-más….
Creo que si ahora alguien osa boludearme con algo a medio contar, no lo logra debido a la inmunidad que me generó este singular e inteligente cuento infantil.
Recuerdo que un día interrogué a mi señora madre el porque de este cuento y la única contestación que obtuve fue “a quienes intentan contar realmente el cuento le suceden cosas raras; y quienes quieren conocer esta historia estan pierden el tiempo”. Para mí que había tomado una copa de más en el almuerzo.
Hace un tiempo atrás, visite el hermoso paisaje de Lago Puelo –Chubut- donde me encontré por casualidad con el clon de Paolo el Rockero. Es importante resaltar que era un clon del famoso pelilargo porque efectivamente era eso: un experimento escapado de un laboratorio Roche.
Como se imaginarán, colgamos a hablar con el clon de todo lo que la sabia naturaleza nos daba: las estrellas, el lago, las montañas, el verde césped… etc. En esta oportunidad, Paolo “Clon” extrajo de su verde –creo que era verde- morral, un artefacto alargado de madera tallado a mano, con piedras preciosas y un agujero en el medio.
- “Esta Pipa tiene su historia” – me dijo.
- Todo se remonta al año 1208, épocas de guerra por el poder, de ritos indios, de piratas y marinos con ansias de conquistar los mares. Entre tanto personaje raro, se destacaba uno: el Mago Jorge. El Mago Jorge era una persona de tez fucsia y pelo naranja…
- Para, para la mano clon. Me estas voraceando. Tez fucsia y pelo naranja?
- Buen boludo… soy daltónico…
- Enserio? Sos daltónico? Yo también! Veni, dame un abrazo…
- No! Que emoción! No te la puedo creer! Siento que encontré a mi clon…
- No boludo, tu clon es otro.
- Ah, cierto…
- …
- …
- .-.-.
- ..-.--.. -.- -..-
- . - - -..- - - ..
- Que flash que sepas código Morse, persona.
- Sé código Morse, y escribir “Hola” en Chino Mandarín. Pero contame de la pipa.
- Que pipa?
- Esa que tenes en la mano.
- Ah… cierto, je je je. Es buena. Esta tallada por artesanos malayos y las piedras son sacadas de rocas de ochocientos metros de profundidad.
- Ajá… y la historia?
- Que historia?
- La de la pipa!!!!
- Hu persona, dejame irme por las ramas, dejame ser…
- Yo te dejo volar todo lo que necesites, pero me dejaste intrigado…
- Con el cuento de la buena pipa?
- Si… No! Con eso no!
- Hu… Queres que te cuente el cuento de la buena pipa?
- No basta! Limaste! No te soporto más clon de laboratorio berreta.
- Paz persona… paz! Date cuenta que el que esta escribiendo sos vos…
- Entonces basta. Me voy. Mi vieja tenía razon. Me aburrí de vos y de esta historia sin final ni sentido.
Me acuerdo que me molestaba mucho cuando mi abuelo me rompia las pelotas con lo mismo. Que gracioso que perdure en el tiempo
ResponderEliminarClaramente eramos varios los que odiabamos la retiteracion... muy bueno, saludos
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